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Opinión

¿Por qué algunas empresas aun no entienden el concepto de desarrollo sostenible?

  

Por Tomás Covarrubias.

No podemos dejar de reflexionar ante el hecho de que ya estamos ad portas del año 2018 y aún existen grandes empresas que al ver su accionar pareciera que no han logrado internalizar el concepto de desarrollo sostenible, a la vez que en nuestro país existen varias empresas que se encuentran a la vanguardia en esta materia. Pareciera que las brechas en Chile no sólo se limitan a un tema socioeconómico que afecta a la población sino que también existe una brecha psicomercantil que limita al desarrollo de nuestro país.

Un ejemplo claro de esto es lo ocurrido en los últimos años en la Comuna de San Miguel en la región Metropolitana, en donde se ha generado una importante explosión inmobiliaria que lamentablemente no ha ido acompañada de un trabajo de desarrollo sostenible por parte de las empresas inmobiliarias, generando un impacto negativo para ellas mismas, las cuales por no tener una política de RSE que se evidencie en la práctica, simple y llanamente les ha puesto la soga al cuello. 

En las pasadas elecciones municipales celebradas en el año 2016, el actual Alcalde de la comuna el señor Luis Sanhueza Bravo fue electo con un fuerte apoyo de la comunidad que se vio alentada con la promesa de detener la construcción de nuevas edificaciones residenciales en la comuna, esto por el fuerte descontento de los tradicionales vecinos que ya se encontraban “cansados” de los problemas asociados a la construcción de grandes edificios en sus vecindades. El resultado de todo esto fue la elección del edil y a pesar de que no se prohibió la construcción de nuevas edificaciones, se aprobó un plan regulador que limita sustancialmente la edificación en toda la comuna, lo cual limita considerablemente el negocio inmobiliario.

Cuando uno hace el ejercicio de conocer la realidad de los vecinos de la comuna es prácticamente inevitable no sentirse frustrado de cómo el desarrollo residencial de la zona ha deteriorado considerablemente la calidad de vida de muchos y lo más importante de todo es que esto se debe simplemente a acciones absolutamente prevenibles o compensables que podrían cambiar el descontento de los vecinos por una sensación de agradecimiento por parte de ellos hacia las constructoras. La reparación de espacios públicos dañados con la construcción o la mejora de aceras y calles a más de una cuadra de la ubicación del edificio en construcción o incluso la inversión en agrupaciones sociales podría haber prevenido el descontento de la comunidad. Es más, si se consideraran hechos como que San Miguel es la Comuna con mayor población adulto mayor de la región y se tomaran medidas de mejoramiento urbanístico que los beneficiaran, o incluso generar mejoras en las casas de los vecinos (lo cual dudo que genere grandes costos a una empresa que se dedica precisamente a la construcción) transformarían a un vecino enfadado en uno agradecido. Sin embargo ignorar estos aspectos generó a corto y mediano plazo un efecto limitante importante en el negocio inmobiliario de las empresas que han decidido invertir en la comuna.

Hoy en día nos encontramos en un debate paradigmático sobre si el desarrollo sostenible es un asunto ético o de mercado, sin embargo esa discusión poco importa cuando vemos este tipo de sucesos que nos hacen preguntarnos en qué estaban pensando los encargados de sustentabilidad de las empresas cuando desarrollaron el plan de desarrollo sostenible (partiendo de la base de que contaban con uno). Alguien tal vez podría decir: “es que el mejoramiento urbanístico es responsabilidad de las instituciones públicas y no privadas”, sin embargo el no hacerlo no tan solo genera pérdidas en la comunidad sino que tal vez perjudica aun más a las mismas empresas inmobiliarias, las cuales han auto-limitando su propio desarrollo.